Departamento de Educación Electrónica y Campus Virtual del CIR
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de Radiología
Editor:
Dr Francisco Arredondo

Co-Editor:
Dr Jorge Bisteni Bustani

Web Master:

HOLOGIC Bayer
 
Colegio Interamericano de Radiología
Interamerican College of Radiology

 

En esta sección se publica la sección "El Rincón de la Historia", nacida en nuestro querido NOTiCIR, bajo el cuidado editorial del Dr. Luis Ros.

Esta sección contempla una serie de cortas biografías de médicos trascendentales en la historia de la medicina desde la edad antigua hasta la moderna y continuará con médicos radiólogos de países del CIR.

Mes a mes se irán sumando las nuevas biografías publicadas en cada número del NOTiCIR.

 

Fisiólogo francés (Saint Julien 1813-París 1878); considerado por muchos historiadores de la medicina como el fundador de la moderna fisiología, y también de la farmacología por sus estudios sobre el curare y otros venenos. Contribuyó al desarrollo de las ciencias médicas y, sobre todo, a la aplicación del método experimental en el estudio de los problemas biológicos.

Estudió latín con el párroco local, y tras algunos años en una escuela gestionada por jesuitas en Villefranche se traslado a París, donde se matriculó en la Facultad de Medicina. Fue interno con los doctores Pierre Rayer (Hotel-Dieu) y Francois Magendie (College de France). Este último, consciente de la habilidad de su interno en el campo de la disección lo tomó como asistente de investigación.

En 1847 Bernad es nombrado segundo de Magendie en el College de France, iniciándose un periodo marcado por una verdadera explosión de descubrimientos.

En 1854 se crea, para él, una cátedra de Fisiología en la Sorbonne, siendo elegido miembro de la Academia de Ciencias Claude Bernard fue uno de los primeros en admitir la necesidad de un equilibrio dinámico para el mantenimiento del medio interno de los organismos vivos. Sus investigaciones llevaron entre otras cosas, al descubrimiento de la función glucogénica del hígado y al reconocimiento de la importancia del jugo pancreático en el proceso de la digestión; identificó los nervios vasomotores y demostró su actividad sobre los fenómenos secretores; aclarando también el concepto de secreción interna.

Su obra maestra es la Introducción a la medicina experimental (1865), en la que fundamenta, mediante una serie de principios, que la medicina para progresar debe estar basada en la fisiología experimental, introduciendo el concepto de “medio interno”. Los principios en los que se basa esta argumentación son lógicos: la noción de “fuerza vital” no explica la vida, los procesos vitales están determinados por fuerzas físico-químicas.

Entre sus discípulos hay que destacar a Albert Dastre, Paul Bert, y Arsene d’Arsonval. Bert sucedió a Bernard en la Sorbona cuando fue trasladado en 1868 al Museo de Historia Natural.

A su muerte, el funeral fue organizado y financiado por el gobierno, lo que nunca antes en Francia había tenido lugar con ningún científico.

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado

 

 

Médico francés (Quimper, Bretaña, 1781-Kerlouanec, Bretaña, 1826). Tras un periodo de formación junto a un tío suyo, médico de Nantes, en 1801 se trasladó a París, donde se matriculó en la École Spéciale de Santé. Nombrado en 1816 médico del Hospital Necker, llevó a cabo el principal de sus descubrimientos: el de la auscultación mediante la invención del estetoscopio.

La auscultación, según la describió Laënnec, es un método de examen físico que consiste en escuchar los sonidos que se producen en el interior del organismo, especialmente en el corazón, vasos y aparato respiratorio: “Realizada mediante la aplicación directa del oído en la zona que se quiere explorar o con el estetoscopio es indispensable para establecer muchos diagnósticos”.

Si bien Hipócrates había percibido ya el rumor producido por un derrame en la pleura, fue este médico francés, quien, en 1818, mediante un estetoscopio que el mismo inventó, demostró la importancia de tales ruidos para establecer el diagnóstico de las distintas entidades pulmonares y cardiacas.

El estetoscopio como instrumento médico, en su etapa inicial, se utilizó para auscultar no sólo el tórax y el corazón, sino también algunas otras zonas del cuerpo sobre las cuales la oreja no se podía adaptar con facilidad (fosas supraclaviculares, cavidades axilares, etc… ).

En su forma más sencilla, estetoscopio monoauricular, tal como lo describió su inventor, era un cilindro cóncavo de material sólido, con el extremo superior o auricular ensanchado en forma de pabellón y el inferior en forma de embudo.

Enseñó medicina en el Colegio de Francia, describiendo muchos signos de auscultación. Fue el primero en establecer un completo cuadro clinicopatológico de la tuberculosis y en describir con gran precisión una forma de cirrosis hepática (cirrosis de Laënnec); las páginas descriptivas de su obra “Traité de l’ascultation mediate et des maladies des poumons et du coeur” (París 1818) se han considerado como las más bellas y claras de la literatura médica.

Murió de tuberculosis a los cuarenta y cinco años de edad, dejando tras sí la descripción de un gran número de criterios semiológicos y signos clínicos, que constituyen el núcleo de la medicina clínica moderna.

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado

 

 

Médico y reformista español (Villanueva de Sigena, Huesca, 1511-Champel, Ginebra, 1553). Se le conoce también por Miguel de Vilanova y por Servet o Servetus.

Después de estudiar en Zaragoza fue secretario del confesor de Carlos I, a quien acompañó a la Dieta de Ausburgo (1530); se quedó en Alemania y entró en contacto con los grupos reformistas.

La publicación de sus escritos De Trinitatis erroribus (1531) y Dialogorum de Trinitate libri duo (1532), en los que exponía sus ideas contrarias al misterio de la Trinidad, provocó una fuerte reacción.

Después Servet se trasladó a París, donde estudió medicina, trabajando ulteriormente en Lyon y Vienne.

Mantuvo correspondencia con Calvino y en 1546 le envió su libro Christianisimi restitutio; pero el reformador ginebrino lo denunció a la Inquisición y Servet se vio obligado a huir; a su paso por Ginebra, cuando intentaba trasladarse a Italia lo apresaron, tras un largo proceso se le condenó a morir en la hoguera.

Como médico Servet descubrió la circulación pulmonar y el papel que ésta desempeña en la oxigenación y purificación de la sangre. Según él la sangre “es transmitida de la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo, librándose de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración”.

En el aspecto teológico su doctrina negaba el misterio de la Trinidad, ya que según Servet, cada una de las tres Personas no es más que una manera distinta de manifestarse el mismo Dios.

Desde este punto de vista, representa el paradigma de la libertad de pensamiento y de expresión, prefiriendo morir en la hoguera que renunciar a su manera de pensar.

Para Aragón, su patria, Servet, descubridor de la circulación pulmonar, es uno de los pilares básicos de la ciencia y la cultura, junto al escritor y filósofo Baltasar Gracián (autor, entre otras afamadas obras, de “El Criticón”), el pintor universal Francisco de Goya y el Premio Nobel de Medicina Don Santiago Ramón y Cajal.

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado

 

 

Nombre con el que se conoce a Theophrast Bombast von Hohenheim, médico, filósofo y químico suizo (Einsiedeln, 1493-Salzburgo, 1541).

Hijo de un médico rural, después de estudiar en Alemania, Italia (se doctoró en medicina en Ferrara) y Francia, en 1526 fue nombrado profesor de la universidad de Basilea, cargo que se vio obligado a abandonar a causa de sus teorías y su actitud de desprecio hacia los médicos clásicos (Hipócrates, Galeno, Avicena).

Desde 1529 llevó una vida errante por diversas ciudades europeas, incluida Zaragoza, en las que difundió sus ideas reformadoras científicas, especialmente médicas, filosóficas y teológicas.

Intentó explicar todo fenómeno a partir de la experiencia, que para él no era más que la intuición directa del mundo visible. Asimismo afirmó que los procesos vitales son de naturaleza química y que la medicina constituye el fundamento de todos los saberes, por lo que el verdadero médico es al mismo tiempo filósofo, astrónomo y teólogo.

Creía que el hombre es como un microcosmos integrador de todos los procesos, ritmos y fuerzas de la naturaleza y, por tanto, la práctica médica debía apoyarse en cuatro pilares: la filosofía, la astronomía, la virtud y la alquimia (Dios el”sumo boticario”, habría dispuesto en la naturaleza una serie de remedios específicos para cada enfermedad, que el alquimista tenía que conocer y aislar).

A pesar de sus contradicciones y en algunas ocasiones su oscuro lenguaje, se le reconoce el mérito de haber contribuido decisivamente a la renovación de la medicina, principalmente en Alemania y de haber sentado las bases de la terapéutica basada en los principios químicos.

Entre sus obras destacan: Paragranum (1530), Paramirum (1530), Philosophia Magna (1532-1533), Labyrinthus medicorum errantium (1537).

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado

 

 

Nombre con el que los escolásticos conocieron al filósofo persa Ibn Sina (Afshana, en Bukhara, 980-Hamadán, 1037).

Destacó tanto por sus conocimientos de medicina como por su formación filosófica, matemática y astronómica. Sirvió como médico y consejero a varios soberanos persas.

Fue médico muy famoso en todo Oriente, su Canon de Medicina, traducido al latín en el siglo XII, se consideró texto fundamental en todas las facultades occidentales. Escribió más de cien obras sobre distintos temas, pero se dedicó fundamentalmente al estudio de la filosofía aristotélica. Ésta le llevó a definir las relaciones entre el ser de una cosa y su esencia y las relaciones entre posible y necesario. En el universo, dice Avicena, hay un ser absolutamente necesario, en el que coinciden esencia y existencia: Dios; existe después lo posible, que recibe de lo “absolutamente necesario” la necesidad de su ser (por ejemplo: el alma humana), y en fin, lo simplemente posible, que está sujeto a perecer. El universo es eterno porque Dios, absoluta necesidad, no hubiera podido querer primero y luego no querer su existencia.

De esta forma falta a la metafísica de Avicena la nota que caracteriza la metafísica cristiana, en la que la Creación es un acto de la voluntad divina. En Avicena se perfila una doctrina que será muy debatida en la Edad Media y el Renacimiento: la doctrina de la unidad del intelecto activo. La operación “activa” por la que se llega a la esencia del objeto conocido no puede realizarla nuestro intelecto, sino un intelecto activo único, el divino, que, prácticamente piensa en nosotros y por nosotros.

Su principal obra filosófica es el Libro del remedio o de la curación que refundió bajo el título La salutación.

Cabe destacar el resumen en 1316 versos del saber médico de Avicena, realizado en Oriente: el“Aryuza”, que hacia 1280 tradujo el médico francés Armengaud de Montpellier, al que añadió unos comentarios conocidos con el nombre de “Cántica”.

El saber médico de Avicena queda plasmado en el dicho popular: “Más mató una cena que curó Avicena”, con el que se pretende reflejar lo nocivo de comer en exceso al final del día, comparando los negativos efectos de este hecho con el buen hacer del médico y filósofo persa.

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado

 

 

Galeno, Claudio, famoso médico griego de la antigüedad (Pérgamo, 129-Roma o Pérgamo, 201), considerado como el más importante después de Hipócrates.

Nacido en la colonia de Pérgamo, estudió medicina y filosofía en Esmirna y Alejandría.

Vivió mucho tiempo en Roma, donde fue cirujano de los gladiadores y luego médico de la corte de los emperadores. Su actividad, aparte de los problemas clínicos y terapéuticos, se centró en los estudios anatómicos, fisiológicos, farmacológicos y, a la vez en la especulación filosófica. Logró acumular y asimilar toda la ciencia médica de su tiempo y reorganizarla según algunos principios originales.

Estableció el principio según el cual toda alteración de una función deriva de la lesión de un órgano y, en consecuencia toda lesión de un órgano provoca una alteración de una función.

La fama de Galeno va unida sobre todo a su método de investigación: un análisis crítico del fenómeno observado y provocado conscientemente, método que puede denominarse experimental. Para Galeno este análisis era la base del estudio y tratamiento de las enfermedades; sin reconocer a la naturaleza la fuerza curativa que le atribuía Hipócrates, el médico galénico debía estudiar los distintos síntomas de las enfermedades para combatirlos directamente, como expresión de la alteración de los órganos afectados por la enfermedad.

La concepción filosófica de Galeno, por otra parte, concordaba con la cristiana que entonces iba imponiéndose, por lo que su sistema científico fue reconocido por la Iglesia. Su sistema es monoteísta, lo que le hizo aceptable también a judíos y árabes. Este reconocimiento, junto con el valor intrínseco de las obras galénicas, de las que se conservan más de un centenar, determinaron su rápida y universal difusión y su intangibilidad hasta la crítica renacentista.

Su nombre, por alusión al médico Galeno, es utilizado universalmente, en sentido figurado, para designar al profesional de la medicina, habiendo hecho también fortuna los términos galénico o galenista para designar lo relativo al sistema o doctrina de Galeno y a los partidarios de la misma.

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado

 

 

Célebre médico griego (Cos, c. 460 a. C. - Tesalia c. 370 a. C.), llamado “el padre de la medicina”. Hijo de Heráclides, de la familia de los Asclepíades, recibió los primeros conocimientos de su progenitor y aprendió la filosofía de Demócrito y de Gorgia Sículo.

Al igual que los demás sabios de su época fue un gran viajero y, según sus escritos, se sabe que visitó Tasos, Tesalia,Tracia, Egipto y Libia.

Se le considera el médico más famoso de la Grecia antigua. Su importancia reside en que con él la medicina se desprende de la concepción religiosa y de las prácticas supersticiosas anteriores. Fundó una ética y una moral médicas (explicitas, en parte, en su famoso “Juramento”), ligadas a una clase médica independiente de la casta sacerdotal, aunque quizá algo vinculada a su tradición.

Su concepción de la medicina es una síntesis de las distintas escuelas filosóficas, biológicas y médicas de la época, de modo que llega a construir un verdadero sistema del hombre, muy alejado del empirismo utilitario de los egipcios. Según él la enfermedad se debería a la desproporción o impureza de los cuatro humores fundamentales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra, que corresponden a los cuatro elementos naturales: aire, tierra, agua y fuego. La armonía de estos elementos sería regida por la vis naturae (fuerza de la naturaleza) y el cuerpo enfermo también tendría una tendencia natural a curarse por sí mismo, eliminando o desplazando la impureza de los humores; el médico sólo debería observar atentamente el curso de la enfermedad para poder ayudar a la naturaleza en el momento preciso.

Su gran fama se fundamenta, principalmente, en haber sido él quien ideó sustraer la medicina de las prácticas religiosas de su tiempo y en haber sido el fundador de la medicina experimental.

Sus doctrinas están formuladas en los célebres “Aforismos”, que fueron considerados hasta finales del siglo XVIII como el texto clásico y fundamental de medicina. Su obra, la de su escuela y la de sus discípulos, escritas en dialecto jónico, fueron recogidas por la biblioteca de Alejandría en el Corpus hippocraticum. Entre otras obras suyas merecen citarse los Pronósticos, De dieta y De las epidemias.

Luis Ros Mendoza
Editor Asociado